Quién sabe,
a lo mejor,
algún día,
no te hace falta guardar
los besos que te regalo:
los coges al vuelo
mientras te los lanzo.
No los guardes,
porque te bañas
en un mar de ellos,
y nunca te faltan,
y te sobran,
y te recorren el cuerpo,
como mi lengua
paseando por tus piernas,
y descansando sobre ti.
Acampo en tus cordilleras,
escalo la cima
de tus más altas montañas:
siempre me gustaron los sitios
con perspectiva.
Sonrió,
desde ahí
puedo ver todo mejor:
observo tu sonrisa
iluminar mis valles,
y a tus manos
construyendo aldeas,
dejas poblados
realmente preciosos
tras tu paso,
plantas flores,
y bosques crecen en mis ojos
cuando me doy la vuelta
y te miro:
ahí estás,
haciendo y deshaciendo
mi vida
para hacerme feliz.
“Me siento única contigo,
me dan ganas de mimarte,
abrazarte,
y cuidarte.
Me gustas la verdad,
más de lo que yo pensaba.
Eres tan adorable,
tan atenta.
No pensaba que me iba
a sentir así contigo”.
Observo salir estas palabras
de tu boca,
y ¿qué quieres que haga
princesa?
Pues derretirme,
y construirte castillos
allá por donde andes,
para que nunca se te olvide
que eres la reina de mi vida,
y que quiero que te sientas así,
a cada instante que respiras,
todos y cada uno de los días
del resto de tu vida,
porque tú,
eres realmente maravillosa.
9/ dic/2018
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