Hoy en día,
sigo sin poder escuchar
tu canción favorita,
ésa que me recuerda a ti,
sin poder evitarlo.
Y no puedo:
el dolor se me clava en el pecho,
y un nudo se me forma en la garganta,
no puedo tragar,
no puedo respirar,
y me ahogo.
Es tragar agua en el mar,
es una ola revolviéndote entera,
y rebozarte de arena al salir.
Es no poder gritar para pedir auxilio,
porque nadie te oye,
porque,
ya nadie,
te puede ayudar.
Sólo eres tú
con tus propios demonios,
ésos que se cambiaron el nombre
a "recuerdos",
y ahora,
muy de vez en cuando,
me atemorizan,
y me hacen tener pesadillas
a la luz del día.
Yo sé que no son reales
pero duelen como si lo fuesen.
Son recuerdos,
son imágenes que te vienen a la mente,
y parece que están ahí,
que vosotras dos estáis ahí,
otra vez,
juntas,
y que no ha pasado el tiempo.
Que parece que fue ayer
cuando,
la persona que más quisiste
en este mundo
estaba a tu lado,
cada día,
siempre ahí,
apoyándote en todo,
y para todo.
Y ahora...
nada.
Parece que fue ayer
cuando acariciaba la felicidad,
cuando te acariciaba a ti
con la punta de los dedos,
toda entera.
Y es que,
por aquella época,
no caminaba,
solía volar,
te cogía de la mano
y nos convertíamos en aire.
Éramos libres,
estábamos vivas.
Sonreíamos
y el mundo se paraba,
no existía tiempo,
porque todo lo pasaba contigo.
Nosotras fuimos las creadoras
del minutero,
del segundero,
y del reloj de arena,
porque todo eso lo destruíamos
cuando nos mirábamos,
cuando nos abrazábamos,
o cuando entrabas por la puerta
de mi trabajo.
Y te juro,
te prometo,
que no he querido a nadie,
tanto,
como te llegue a querer a ti.
Me enamoré,
de una manera casi irracional,
y no pensé,
que ahora,
todo esto,
tendría que cargar a mis espaldas,
cuando vuelvo a escuchar
tu canción favorita,
y tú,
ya no estás aquí.
sigo sin poder escuchar
tu canción favorita,
ésa que me recuerda a ti,
sin poder evitarlo.
Y no puedo:
el dolor se me clava en el pecho,
y un nudo se me forma en la garganta,
no puedo tragar,
no puedo respirar,
y me ahogo.
Es tragar agua en el mar,
es una ola revolviéndote entera,
y rebozarte de arena al salir.
Es no poder gritar para pedir auxilio,
porque nadie te oye,
porque,
ya nadie,
te puede ayudar.
Sólo eres tú
con tus propios demonios,
ésos que se cambiaron el nombre
a "recuerdos",
y ahora,
muy de vez en cuando,
me atemorizan,
y me hacen tener pesadillas
a la luz del día.
Yo sé que no son reales
pero duelen como si lo fuesen.
Son recuerdos,
son imágenes que te vienen a la mente,
y parece que están ahí,
que vosotras dos estáis ahí,
otra vez,
juntas,
y que no ha pasado el tiempo.
Que parece que fue ayer
cuando,
la persona que más quisiste
en este mundo
estaba a tu lado,
cada día,
siempre ahí,
apoyándote en todo,
y para todo.
Y ahora...
nada.
Parece que fue ayer
cuando acariciaba la felicidad,
cuando te acariciaba a ti
con la punta de los dedos,
toda entera.
Y es que,
por aquella época,
no caminaba,
solía volar,
te cogía de la mano
y nos convertíamos en aire.
Éramos libres,
estábamos vivas.
Sonreíamos
y el mundo se paraba,
no existía tiempo,
porque todo lo pasaba contigo.
Nosotras fuimos las creadoras
del minutero,
del segundero,
y del reloj de arena,
porque todo eso lo destruíamos
cuando nos mirábamos,
cuando nos abrazábamos,
o cuando entrabas por la puerta
de mi trabajo.
Y te juro,
te prometo,
que no he querido a nadie,
tanto,
como te llegue a querer a ti.
Me enamoré,
de una manera casi irracional,
y no pensé,
que ahora,
todo esto,
tendría que cargar a mis espaldas,
cuando vuelvo a escuchar
tu canción favorita,
y tú,
ya no estás aquí.
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