No quiero curarte los miedos,
quiero acariciarlos,
y peinártelos
cuando te crezcan demasiado.
Explicarles que tienen que
ser educados contigo,
que tienen que tratarte bien.
Decirles,
en voz muy baja,
para que no se asusten,
porque son muy sensibles,
que tienen que dejarte crecer,
que, aunque ellos estarán ahí,
siempre,
acompañándote,
no pueden agobiarte tanto.
Que tienes que respirar,
que tienes que vivir,
y que sin ellos,
tú, no puedes ser tú.
Hoy,
no quiero quitarte los miedos
de un plumazo,
ni guardarlos en un armario
a golpe de cerradura.
Hoy quiero hacerte fuerte,
tú sola,
imparable,
para el que llegué el día
en el que no vengas a mí,
llorando,
como niña pequeña
cuando se despierta en medio
de la noche,
porque ha tenido una pesadilla.
No,
no quiero eso.
Porque tú eres fuerte,
pero a veces dejas que la debilidad
te inunde,
entonces tragas agua y te asustas.
Y yo
no puedo estar siempre ahí
para salvarte,
necesito que tú lo estés,
para poder ayudarte tú misma,
a hacerlo por ti,
nada más que por ti.
Solucionar problemas
no es una tarea fácil,
pero tú puedes conseguirlo.
Así que,
coge aire,
respira,
límpiate las lágrimas,
vuelve a mirarte al espejo
y sonríe,
sonríe a esa mujer guapa,
alegre
y fuerte,
que siempre he querido
y he admirado.
Ella es positiva,
ella no se rinde nunca,
ella siempre está ahí,
aunque a veces yo no estoy para ella.
Te quiero libre,
te quiero fuerte,
te quiero feliz.
Te quiero,
simplemente eso.
Te quiero mamá.
quiero acariciarlos,
y peinártelos
cuando te crezcan demasiado.
Explicarles que tienen que
ser educados contigo,
que tienen que tratarte bien.
Decirles,
en voz muy baja,
para que no se asusten,
porque son muy sensibles,
que tienen que dejarte crecer,
que, aunque ellos estarán ahí,
siempre,
acompañándote,
no pueden agobiarte tanto.
Que tienes que respirar,
que tienes que vivir,
y que sin ellos,
tú, no puedes ser tú.
Hoy,
no quiero quitarte los miedos
de un plumazo,
ni guardarlos en un armario
a golpe de cerradura.
Hoy quiero hacerte fuerte,
tú sola,
imparable,
para el que llegué el día
en el que no vengas a mí,
llorando,
como niña pequeña
cuando se despierta en medio
de la noche,
porque ha tenido una pesadilla.
No,
no quiero eso.
Porque tú eres fuerte,
pero a veces dejas que la debilidad
te inunde,
entonces tragas agua y te asustas.
Y yo
no puedo estar siempre ahí
para salvarte,
necesito que tú lo estés,
para poder ayudarte tú misma,
a hacerlo por ti,
nada más que por ti.
Solucionar problemas
no es una tarea fácil,
pero tú puedes conseguirlo.
Así que,
coge aire,
respira,
límpiate las lágrimas,
vuelve a mirarte al espejo
y sonríe,
sonríe a esa mujer guapa,
alegre
y fuerte,
que siempre he querido
y he admirado.
Ella es positiva,
ella no se rinde nunca,
ella siempre está ahí,
aunque a veces yo no estoy para ella.
Te quiero libre,
te quiero fuerte,
te quiero feliz.
Te quiero,
simplemente eso.
Te quiero mamá.
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