Me pasaría escribiendo,
y describiéndote,
toda la noche,
si tu sonrisa fuera la eternidad,
y tus besos la infinitud
más completa.
Y entonces
el tiempo,
extrañado,
me preguntaría,
que "qué le hemos hecho",
que ni él mismo sabe colocarse ya
las agujas del reloj,
y se pierde,
entre la inmensidad
del espacio,
que existía
entre tus labios
y los míos,
que antes eran
cauces vacíos,
y ahora,
no paran de emanar cascadas,
inundando aldeas,
empapando barcos,
y ellos,
que no están acostumbrados
a navegar por estas aguas,
nos miran,
incrédulos,
ante estos dos locos,
que no comen,
no beben,
que no se separan el uno del otro,
porque no saben hacer
otra cosa más,
que amarse.
Así de fácil,
así de complicado,
que ni tú lo entiendes,
que ninguno lo comprendemos,
pero que,
sin embargo,
pasa,
y aquí estamos,
pasándonos cariño,
mientras el tiempo sucede,
y rápido,
él nos saluda,
mientras nosotros,
lo devoramos.
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